Pensándolo con detenimiento reconozco que nuestras vidas están llenas de pequeños actos que, a simple vista, parecen inofensivos, pero llevan escondidos en lo más profundo violencia o maltrato.
En ocasiones (según el módulo/asignatura que me toque impartir), le planteo a mis alumnos/as la siguiente situación: “si tuvierais un hijo, pongamos de 2 – 3 años, y os encontrarais por la calle con una amiga vuestra que hace tiempo que no veis, pero vuestro hijo/a no quiere darle un beso” ¿Qué haríais?,… “¿y si esto mismo ocurriera con alguien de vuestra familia?”. Me sorprende siempre la frecuencia y la actitud con la que contestan que les obligarían a dar ese beso, que solo faltaba eso, que no pueden con esa edad hacer lo que ellos quieren, que es de la familia o alguien importante para ellas,… Al niño, sí sigue negándose, se le reñiría de forma explícita y rotunda, quizás un castigo,...
Seguro que todos (o casi todos) los que
lean esto estarán pensando ahora mismo “ a mí me obligaban”. Es algo que
siempre se ha hecho y no parece importante, pero en realidad sí que lo es.
Nadie se plantea que un adulto que no quiere darle dar un beso a alguien se
esté comportando como un niño/a caprichoso, ¿por qué ocurre esto con los niños?,
¿por qué se les riñe, castiga, hostiga,…? Son niños, y hay que enseñarles,
educarles aunque esto suponga forzarles a hacer algo que no quieren hacer. ¿En
serio?
Hay muchas más situaciones
cotidianas y habituales que suponen violencia y/o maltrato sobre los niños.
Puede que lo comentado anteriormente no deje una huella visible en los
niños/as, pero sí puede dejarlo en su emocionario, en su camino conductual
influyendo en su desarrollo posterior y en su vida personal y social. Las
expresiones que utilizamos, la forma de hablar, las etiquetas que ponemos a
todo y a todo, los prejuicios y/o estereotipos que todos poseemos en mayor o
menor medida, la ausencia de habilidades sociales,… todo esto está presente en
el día a día de todos, en las relaciones que establecemos con las personas de
nuestro entorno y la forma de entablarlas,…
Los adultos, padres, educadores,… tenemos un papel fundamental en este
aspecto, por eso es importante hacer un autoexamen para ver los prejuicios y/o
estereotipos que tenemos y que pueden influir en estos niños/as, en estos
futuros/as adultos/as, para mostrarnos ante ellos abiertos, tolerantes y
respetuosos.
Es una responsabilidad que está en nuestras manos, en la de todos/as y
cada uno/a de nosotros/as. Asumamos el compromiso y actuemos en consecuencia.
